DETROIT de Kathryn Bigelow (2017)

Olvídense de payasos asesinos, la auténtica película de terror en cartelera habla de racismo y se llama DETROIT. Mientras en San Luis todavía huele a humo y barricada, llega a España la última historia narrada por Kathryn Bigelow, con la firme intención de intentar noquear por enésima vez a los todavía abundantes estadounidenses que no consideran los derechos civiles de los afroamericanos una cuestión de suficiente urgencia.

En esta ocasión, Bigelow se sirve de un suceso real ambientado en la ciudad que da nombre a la cinta, la Detroit ciudad del motor sí, pero también la Detroit ciudad del protopunk de los MC5 y sobre todo la Detroit de la Motown, que es más crucial todavía en esta atmósfera que las hoy abandonadas factorías de automóviles. Al turrón. Valiéndose de su guionista de confianza y de un operador de cámara fabuloso, la asfixia que invade a uno en la butaca durante las prácticamente dos horas y media de metraje resulta insoportable. Claustrofobia en vena la que se inocula al espectador desde que se entrecruzan en un motel las historias de un segurata negro, una patrulla de sádicos policías blancos y un puñado de mansos huéspedes más preocupados por debatir acerca de la atormentada vida de John Coltrane que por plantar cara a autoridad alguna, la misma que a escasas manzanas batalla contra sus propios hermanos.

Desde el primer momento se sabe que aquello solo puede acabar como el rosario de la aurora. El contexto histórico que rodea a todos los protagonistas de los hechos es el de los crudos disturbios que tuvieron lugar en el verano del 67 por todo el país y que, en el caso de Detroit, dejaron a los de Sunset Strip en una simple escaramuza para aficionados.

En cualquier caso, aquí no hay espacio para el enfoque aséptico al que Bigelow nos tenía acostumbrados en películas previas como La noche más oscura, donde incluso se navegaba en la ambigüedad para presentar a los personajes, escudándose en un trasfondo patriótico que todo lo justifica. Aquí se desnuda la verdad, se narra una historia de manera a veces documental mostrando al espectador una trama más descarnada por su verosimilitud que por la crudeza de lo que vemos secuencia tras secuencia.

Parte de ese congoja proviene como no podía ser de otra manera de una cuidadosa banda sonora que incluye material de primera, destacando el más que alegórico “Nowhere To Run” de Martha Reeves y Las Vandellas, que resume perfectamente la ratonera que fue Detroit aquellos días en que, a pesar de todo, se seguían facturando hits como si de Ford Mustang se tratase, quizá porque muchas veces las canciones estaban escritas con sangre.

A pesar del último tramo de la película (que no le hace justicia) esta vez no hay palmadita en la espalda, la bofetada al sistema está dada. De manera mucho más contundente que en títulos recientes como Moonlight esta necesaria película deja un poso de pesimismo, pues al igual que el soul sobrevivió a los hechos hasta nuestros días, parece que también lo hizo la impunidad de ciertos delitos en la era Trump.

53rd & 3rd

La canción 53rd & 3rd habla por sí misma. Todo lo que escribo es autobiográfico, y muy real. No sé escribir de ninguna otra forma

Dee Dee Ramone

53rd & 3rd es una canción terrorífica. Es sobre un chico que intenta ligar tíos en la esquina de la 53 con la Tercera, pero nadie lo recoge. Y cuando al final lo hacen, el chico mata al tipo para demostrar que no es marica

Legs McNeil.

Ramones – 53 & 3rd

If you think you can, well come on man
I was a Green Beret in Viet Nam
No more of your fairy stories
‘Cause I got my other worries

53rd and 3rd
Standing on the street
53rd and 3rd
I’m tryin’ to turn a trick

53rd and 3rd
You’re the one they never pick
53rd and 3rd
Don’t it make you feel sick?

Then I took out my razor blade
Then I did what God forbade
Now the cops are after me
But I proved that I’m no sissy

Sonidos de Mi Vida. The Ramones

THE RAMONES. ¿Qué decir de ellos? forman parte de banda sonora de mi vida. La primera vez que los vi en directo fue en 1982, en el antiguo pabellón de baloncesto del Real Madrid (la primera del 81 me la perdí) presentando el álbum Pleasant Dreams, la verdad es que me encantaron.

Por aquella época a los promotores de conciertos se les ocurría la brillante idea de poner teloneros musicalmente opuestos a los grupos estelares, y claro ¡se liaba la de Dios¡ Digo esto porque allí estábamos los cuatro Larsen originales y Chema (que posteriormente se convirtió en cantante de la banda) en primera fila esperando a los Ramones mientras tocaban los ¡Rebeldes ¡, y claro… en aquella época en plena lucha de guerrillas urbanas, pues se lió la de Dios ¡no llevaban ni 3 temas cuando empezaron a llover botellas a mogollón. Una de ellas aterrizó en la cabeza de Chema, haciéndole un boquete del copón, tocó  correr a la enfermería para que le cosieran. Cuando volvimos, los Ramones llevaban dos temas, no nos perdimos mucho (la crisma de nuestro amigo O.K).

La segunda vez que los vi fue en el mismo escenario en 1989. Me llevé una decepción de órdago, los temas mal tocados, con Dee Dee  en muy baja forma y a punto de dejar el grupo. Los vi una tercera vez también en Madrid, pero ya con C.J  al bajo, eso sería un par de años después y consiguieron quitarme el mal sabor de boca que me dejaron la vez anterior. Dieron un superconcierto.

Tengo un centenar de canciones de ellos en la cabeza, pero he elegido We want the Airwaves porque era el tema con el que empezaba Pleasant Dreams.