Hotel Monbar, campanadas a la muerte

Hace unos años mientras visitaba Bayona con unos amigos, nos topamos con el rótulo del ya abandonado Hotel Monbar, rapidamente nos vino a la cabeza la canción de la banda euskalduna Kortatu. Comentando el tema unos días después con otra gente, si bien la canción era sobradamente conocida, la memoria se mostraba confusa respecto a los hechos que inspiraron la canción. Lo cual no es de extrañar, no hay caletre que pueda soportar ni un cuarto de las bajezas que hemos tenido que soportar en este país.

Los hechos

Miércoles 25 de Septiembre de 1985.  En el centro de la población francesa de Bayona se encuentra el Hotel Monbar, en el bajo está su cafetería. Entre sus clientes se encuentran varios refugiados vascos. En la televisión retransmiten el partido de fútbol España-Islandia clasificatorio para el Mundial de México.

A las 21.15 dos hombres armados irrumpen en el local y abren fuego contra un grupo de personas, matando en el acto a tres por disparos en la cabeza e hiriendo mortalmente a un cuarto. Un quinto, ciudadano francés, es herido en una mano.

Los agresores huyen a pie pero son perseguidos por varias personas que se encontraban en los aledaños, finalmente son interceptados por la gendarmería francesa. Los detenidos son dos criminales de los bajos fondos marselleses. Los cuatro cadáveres pertenecen a refugiados vascos vinculados a la banda terrorista ETA.

La canción

Portada del segundo álbum de Kortatu. El Estado de las Cosas (1986)

Kortatu publica a finales de 1986 su segundo disco bajo el título El estado de las cosas. La dureza del conflicto armado en Euskadi y sobre todo, la intensificación de la guerra sucia de los GAL marcan el carácter de este álbum, más sombrío y menos festivo  que su predecesor.

En el cuarto corte encontramos la canción Hotel Monbar. En esta ocasión Fermín Muguruza, encargado de las composiciones, no aborda el tema de forma explícita como otras veces.  La canción si bien breve,  en su letra deja alusiones muy concretas y nada casuales, muy interesantes y reveladoras si tenemos en cuenta el poco tiempo transcurrido desde su publicación con respecto a los hechos (apenas un año).

Excombatientes de la batalla de Argel

El atentado está inmerso en la escalada de violencia por parte de los GAL que tiene como objetivo implicar a Francia en la guerra contra ETA y acabar con el denominado ‘santuario francés’.

El estatus de refugiados que ostentan muchos miembros del aparato de ETA en el país galo ha tensado las relaciones diplomáticas entre ambos países. Las pocas garantías jurídicas durante el franquismo animaron a Francia a conceder el asilo político a muchos activistas vascos. A posteriori, a pesar de la muerte del dictador y de la supuesta constitución de un estado democrático, el constante goteo de denuncias de torturas y abusos, generaban cierto escepticismo en relación a la legalidad española, por lo cual, en muchos casos Francia siguió manteniendo su política de refugiados.

La Rue Pannecau donde se encontraba el Hotel Monbar. Fue tristemente célebre por albergar tres atentados por parte de los GAL

En la lucha contra ETA, el PSOE fija como prioritaria la implicación gala, y así poder desbaratar todo la estructura de la banda que se mantiene en el país vecino. El GAL bajo una aparente organización paramilitar, pero en realidad formada y financiada por el aparato del estado, lanza una serie de atentados en suelo francés con el fin de sembrar el terror en una zona que además está fuertemente vinculada al sector turístico.

El gobierno no escatima en gastos, contrata a lo mejor de cada casa configurando una ilustre selección de sociópatas: hampones, pistoleros, ultraderechistas e incluso a personajes vinculados con la OAS, antiguo grupo terrorista francés famoso por sus secuestros, asesinatos y torturas en la lucha contra la independencia de Argelia, el intento de asesinato de Chales de Gaulle (que inspiraría la novela y película ‘el chacal’) y sus actividades anticomunistas enclavadas en la red GLADIO.

La Organización del Ejercito Secreto (OAS) y su estrategia de ‘caos controlado’ durante la guerra de independencia de Argelia serviría de algo más que inspiración a la hora de marcar las directrices de la guerra sucia de los GAL. No obstante muchos de sus miembros proscritos y reclamados por la justicia francesa habían encontrado un cálido refugio en la España franquista, levantando  las suspicacias en el país vecino e influyendo en la actuación posterior referente a los refugiados vascos.

Efluvios de cloaca

Tras el atentado del Hotel Mombar, uno de los dos pistoleros detenidos, Pierre Frugoli, se derrumba y reconoce su implicación en el asesinato. En su declaración cuenta que  fueron reclutados por un tal Francis (un reclutador francés del GAL vinculado a la ultraderecha que hasta hoy permanece en el anonimato) en un bar de Marsella bajo la promesa de recibir 100.000 francos por el atentado y un plus de 50.000 por cada etarra muerto. También revela que la planificación de la acción tuvo lugar en el Hotel Orly de Donosti, y en la reunión había un cuarto individuo en el que el pistolero reconoce al subcomisario español José Amedo. Si, el mismo José Amedo, más conocido en su forma de dúo: Dominguez y Amedo, a lo Faemino y Cansado pero sin ninguna gracia. *

* [Ambos caerían más tarde tras probarse su implicación en los GAL por un juicio a unos mercenarios en Lisboa. Dominguez y Amedo al ver que el PSOE les retiraba la paga y les lanzaba a los lobos, tiraron de la manta destapando uno de los escándalos más vergonzosos de la ‘joven e inexperta democracia española’.]

Las cloacas apestaban. El caso Monbar era un asunto turbio en el que nadie se quería quemar las manos, tampoco los franceses. A los dos pistoleros les cayó la perpetua. Todo quedó ahí. La declaración de Frugoli sobre la implicación de un subcomisario español en los hechos no fue a más e incluso la Audiencia Nacional Española juzgó insuficientes los indicios contra Amedo y no inició ningún procedimiento. Unos años después Frugoli aparecería muerto en su celda.

Un escalofrío, recorre el cuerpo.

Las autoridades identifican a los cuatro cadáveres como ciudadanos vascos. Se les reconoce como integrantes veteranos de ETA, y  vinculados con la red organizativa de distintos comandos operativos en España.

Las repatriaciones de los cadáveres a Euskadi, se producen en un clima de tensión y de confrontación.  El fuego es azuzado por el gobierno que dispone un fuerte despliegue policial durante los entierros a fin de que no se conviertan en homenajes. La crispación sirve para focalizar el suceso  en la filiación de los asesinados y su entorno, obviando las señales que apuntan de manera cada vez más clara a un gobierno enfangado de manera pueril en las cloacas heredadas del régimen franquista.

La calma tensa acabaría estallándoles en la cara, eso sí, a un precio demasiado bajo. Aún a día de hoy quedan muchas preguntas por responder y muchas responsabilidades por depurar. Otra herida abierta sobre la que se asientan los cimientos de un régimen que a la hora de la verdad no duda ni ha dudado en mostrar su verdadero rostro.

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