El punk que regresó de la muerte…

… para entregarse a la policía.


Esta entrada es una traducción hecha por Sin Punkto Fijo de un artículo publicado en BBC. Puedes leer el original aquí.


Un juicio comienza el 6 de Junio en la ciudad francesa de Toulouse,  el trasfondo: un atraco a un banco, el movimiento punk que azotó la Europa de los primeros años ochenta y un hombre que volvió de entre los muertos. Chris Bockman informa sobre este extraño suceso.

Christian Etelin, uno de los abogados criminalistas más populares de Francia. Se encontraba en su despacho a última hora de la noche. Cuando estaba a punto de marcharse, sonó el teléfono, la llamada lo dejó en shock. Primero porque la voz del otro lado de la línea era la de una persona que había sido declarada muerta años atrás, y segundo, porque además  estaba involucrada en un atraco a mano armada que había ocurrido hacía treinta años .

La voz pertenecía a Gilles Bertin, el otrora nihilinista y cantante punk de Camera Silens, grupo de Burdeos cuyos seguidores, anarquistas y  jóvenes de izquierda, sentían que no había futuro, o al menos no lo había para ellos. Los británicos tuvieron a Sid Vicious y los Sex Pistols, Gilles era el equivalente francés.

Camera Silens – Realité (1985)

A finales de los ochenta el grupo y sus seguidores a pesar de su éxito, eran indigentes y adictos a la heroína. Varios habían contraído el virus del SIDA después de compartir jeringuillas contaminadas.

Se dieron cuenta de que no iban a vivir mucho, así que decidieron romper con todo, preparar un gran atraco y vivir del botín hasta la muerte.

Y eso fue exactamente lo que hicieron, robaron 12 millones de francos (unos dos millones de euros) del depósito de Brinks en Touluse (NT: el equivalente a Prosegur aquí), amasando una pequeña fortuna. A continuación ellos mismos, al parecer, informaron a un periódico local de lo sucedido, jactándose de su acción. Nadie resultó herido durante el atraco pero rápidamente las pesquisas policiales llevaron a sospechar que estaban ante unos principiantes. Al final todos acabaron siendo detenidos en menos de un año, excepto uno de los sospechosos, Gilles Bertin.

Practicamente la totalidad del dinero había desaparecido y nunca pudo ser recuperado. Algunos de los ladrones, ya muy enfermos, habían muerto debido a los síntomas del SIDA. Los otros, después de pasar un tiempo entre rejas volvieron a la lúgubre vida del  trabajo de ocho horas.

Gilles Bertin recibió una condena de diez años en ausencia, los años pasaron y tanto el atraco como el movimiento punk se desvanecieron en el tiempo. El cantante/convicto fue declarado muerto. Su familia, incluido su hijo nacido durante aquellos años salvajes en Burdeos, no supieron nunca de él .

Y aún así parecía bastante vivo cuando me lo encontré almorzando en una concurrida cervecería en el corazón de Toulouse. Alto, con rizos y ciego de un ojo – a consecuencia de una hepatitis por el consumo de drogas – es increíblemente educado y tímido. Me habla un poco sobre estos 28 años de huida y por qué ha decidido volver.

Bertin en la actualidad en un café de Toulouse

Después del atraco, huyó cargado con bolsas llenas de billetes de banco hasta ocultarse finalmente en Portugal. Allí se estableció y abrió una tienda de discos, pagándolo todo en efectivo, claro. En una ocasión llegó a ser reconocido por turista francés que era fan de la banda pero él negó rotundamente su identidad. Cada vez que veía algún coche con matricula francesa cerca de la tienda estaba seguro de que le estaban siguiendo o monitorizando.

Después de diez años llevando la tienda, sospechó que la policía francesa podía estar siguiéndole la pista y decidió irse a Barcelona acompañado de su novia española. La familia de ella tenía un bar y empezó a trabajar de camarero. Tenían un hijo. Tan solo su novia conocía sus hazañas, para el resto era un hombre sin pasado.

Camera Silens durante una actuación en 1984

Me cuenta que cuando estuvo a punto de morir a causa de la hepatitis y salvó la vida gracias a la intervención del personal médico del hospital de Barcelona, sin coste alguno, sin hacerle preguntas, a pesar de no tener ningún documento, fue cuando decidió afrontar su pasado y ser honesto con su hijo. Le habían salvado la vida y sin embargo el no había aportado nada a la sociedad.

“Decidí que tenía que contar la verdad y  sacar a la luz mi pasado”, dice.

Así que, llama al abogado. Cruza la frontera en tren hacía Toulouse y, acompañado de este se entrega en la comisaria.

Reconoce que está nervioso mientras espera el juicio, aunque admite que se ha quitado  un peso de encima.

“Estoy en la etapa final de una experiencia que tengo que superar” dice “Aunque, estoy bastante angustiado, todo esto me da vértigo, me enfrento a una sentencia de veinte años de prisión”.

“Lo hago por mi hijo de veintisiete años. Todavía no entiende como he estado huyendo durante treinta años,  pero tiene que saberlo”

Esperaba ser encarcelado en el mismo momento de pisar la comisaria, pero para su  sorpresa se encuentra con que le dejan en libertad hasta el juicio. Cuando llegue el día se declarará culpable. Dice que la decisión de no meterle en prisión le ha hecho enfadarse aún más por todo lo que hizo.

Por si alguien quiere ver sus aventuras con cierto romanticismo,  deja muy claro que si pudiese volver atrás no volvería sobre sus pasos.

“No hay nada de romanticismo en lo que hice” dice, “Escondiéndote, sin poder hablar de ti o de gente que formaba parte de tu antigua vida, incluyendo a mi hijo, siempre pendiente de la policía y lo peor de todo, es que durante ese tiempo estaba muy enfermo”

Gilles Bertin en una foto policial de 1988

Durante tres décadas, comenta avergonzado, vivió una mentira. Se sintió como un animal acorralado, en constante paranoia. Ahora mientras espera su juicio, está escribiendo sus vivencias e incluso ha tenido contacto con su otro hijo, que hoy tiene treinta años.

Espera convencer al jurado de que ha cambiado.

“A final de los setenta y principios de los ochenta, era un joven cabreado, un nihilinista, un anarquista que seguía la senda de la destrucción y que se rebelaba contra esta sociedad. Hay que entenderlo en el contexto de aquel entonces”.

“Cometí errores, pero ya no soy ese joven, tengo 57 años, soy una persona madura que ya no tiene nada que ver con ese periodo”

Desde su regreso de la muerte, Bertin ha vuelto a contactar con algunos miembros de su pandilla (y compañeros de atraco) que aun siguen con vida, muchos no lo están. Uno conduce un autobús, otro es celador en un hospital. ¿Aun sigue escuchando la misma música?

Se estremece y reconoce que la música que hacían era espantosa. Hoy en día escucha Soul. Si finalmente evita la prisión regresará a Barcelona, pero no volverá a ocultarse.

“Tengo la esperanza de poder explicar a mi hijo porque hice lo que hice”

Admite que el interés que demuestran los medios por su vida le resulta abrumador.

Cuando se le pregunta sobre el dinero del atraco, insiste en que se lo gastó todo hace mucho tiempo.

Y en cuanto a su abogado Christian Etelin, de 74 años, que ha defendido a terroristas de extrema izquierda, fanáticos islamistas y gangsters toda su vida, decidió volver de su retiro para defenderle. Este era un caso que no podía dejar escapar.


Si quieres saber más del asunto es muy recomendable la biografía del grupo realizada por el blog Adiós Lili Marleen donde se detalla también el atraco y sus consecuencias. También la entrevista a Guilles Bertin en el mismo blog.


 

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