Judy is a Punk ¿o una terrorista?

Terror, comics, marcianadas varias… con un trasfondo juvenil y macarra. Las letras de los Ramones pueden parecer simples y sin mucho fondo, pero lo cierto es que en ellas aparecen multitud de detalles, referencias a la cultura popular americana que  pueden resultar bastante interesantes.

Es el caso del tema Judy is a Punk, escrito por Joey en 1975 y publicado en el primer álbum. En él se relata la trágica historia de dos jóvenes punks, Jackie y Judy que viajan a San Francisco y allí acaban  uniéndose al grupo terrorista SLA,  siglas en inglés de Ejército Simbiótico de Liberación.

Jackie is a punk
Judy is a runt
They both went down to San Frisco, joined the SLA
And oh, I don’t know why
Oh, I don’t know why
Perhaps they’ll die, oh yeah
Perhaps they’ll die, oh yeah
Perhaps they’ll die, oh yeah
Perhaps they’ll die, oh yeah

Aunque lo de Ejército Simbiótico parece una coña sacada de La Vida de Brian, realmente existió,  fue un grupúsculo armado de carácter izquierdista que estuvo operativo entre 1973 y 1975 en California. Escribiendo uno de los episodios más bizarros en la historia de la lucha armada.

El Ejercito Simbiótico de Liberación

Miembros del SLA posan con su emblema al fondo: una cobra de siete cabezas que representaba la simbiosis universal.

Este grupo, en adelante SLA, quería aunar todas las luchas de izquierdas para alcanzar una sociedad pacífica e igualitaria a través de un proceso socialista que lideraría el Tercer Mundo. Situándose ellos mismos como la vanguardia de tal revolución. Obviamente, esta noble y gran aspiración entraba en grave conflicto con la realidad. A pesar de aparentar una compleja red organizativa que podía actuar en cualquier lugar de Estados Unidos, lo cierto es que tan solo eran una veintena de estudiantes de San Francisco que practicaban el amor libre y cuyo modelo de organización era prácticamente una secta articulada entorno al carismático líder y activista Donald DeFreeze. Lee más

El poli y el minero

Eran hombres en bandos opuestos en una de las disputas industriales más agrias del siglo XX. Pelotas de golf, piedras y monedas afiladas volando de un lado al otro, cargas de policías a caballo, y el dirigente de los mineros en huelga de Gran Bretaña, Arthur Scargill, detenido en el campo a las afueras de la planta de carbón de Orgreave, Rotherham, South Yorkshire, fueron algunas de las cosas que sucedieron unos días antes.

Pero por un instante, en un día de junio de 1984 pareció haber una relación entre uno de los agentes de la sólida línea de oficiales en gabardina y un minero que les tomaba el pelo, tocado con un casco de policía de juguete, apuntándoles con los bigotes. Cuando el fotógrafo de The Guardian Don McPhee apretó el botón de su Nikon, los labios de los dos hombres empezaron a moverse; se adivinaba en ellos una sonrisa, no una mueca de desdén.

[Casi simultáneamente The Redskins, la banda de York formada por skins comunistas sacaron su single “Keep on keepin’ on”, su mayor éxito comercial que por supuesto hablaba de la huelga de los mineros ingleses.]

Es una fotografía que ha sido impresa hasta la saciedad: en libros, en revistas, en camisetas y hasta en la cubierta del programa de una obra de teatro sobre la huelga de 1984-5. Pero la relación central en la imagen ha permanecido siendo un misterio. Lee más

De canguros y hombres.

Un australiano le calza una hostia a un canguro, es la noticia que recoge la prensa a partir de un vídeo que circula por internet. Dios bendiga twitter, Facebook y youtube, referentes de los medios de comunicación.

No pretendo entrar en el acalorado debate de si el animalico se la merecía o si el lugareño entra con la guardia baja, el dichoso video me trajo al caletre la triste, pero curiosa historia, del pugilismo con osos y canguros, célebre durante los siglos XIX y XX.

Recorte del Phillipsburg Herald, 2 de Abril de 1891. Con ilustración muy gráfica de como entrenaba Byrne a su canguro

Nuestra peculiar historia comienza en un zoo de Philadelphia, el periódico local Phillipsburg Herald, con fecha del 2 de Abril de 1891 relata como un cuidador del zoo que iba a limpiar la jaula donde se encontraba el marsupial, observó en este, cierta disposición para jugar, pues se levantaba sobre sus patas traseras y sacaba los brazos como si estuviese boxeando, el ilustre cuidador, admirado, se dejó llevar y muy pronto ambos se vieron cruzando manos, dejando para la posteridad una entrañable e indecorosa estampa. Byrne, que así se llamaba el tipo, viendo las dotes del canguro, decidió adoptarlo como pupilo e instruirlo en el arte del boxeo, no sin antes bautizarlo como John L. en honor a John L. Sullivan célebre boxeador de la época. Si todo ocurrió en el mismo día, no hay constancia, el caso que Byrne nos trajo a John L. y en la misma ciudad, casi un siglo después Silvester Stallone nos trajo a Rocky Balboa ¿Casualidad? Sí.

En Australia, como era de esperar, también tenían sus pleitos con estos animales, varios periódicos refieren casi por la misma época de John L. la existencia de un tal Jack “El canguro luchador” “un animal espléndidamente entrenado y que reta a luchar a cualquiera en el mundo”. Todo estaba a punto para que la rueda de la vergüenza ajena comenzase a girar. Lee más

Corazones Sucios: samurais y conspiraciones en Brasil

¿Qué relación une a Brasil y Japón?  Aparentemente nada del otro mundo. Por cultura general uno se acuerda del entrenador brasileño y borrachín de Oliver y Benji, o de los sopapos que sueltan los mulatos que practican jiu-jitsu brasileño.

Sin embargo, ambos países comparten una historia de amor/odio que incluye éxodos masivos y un grupo terrorista que se llevó por delante veintitrés personas en territorio brasileño.

Empecemos por el final. A día de hoy los brasileños son la cuarta“minoría” presente en Japón, apenas superada por los coreanos, filipinos y chinos. ¿Como se explica?

En realidad, la migración comenzó en sentido contrario. En 1895 el Presidente de los Estados Unidos de Brasil y el Emperador japonés Yoshihito firmaron un importante acuerdo de Amistad y Comercio. Este convenio permitió que miles de japoneses emigrasen a Brasil a principios del siglo XX.

Precisamente el país del sol naciente tenía una grave crisis demográfica  (justo lo contrario que ahora) y en Brasil necesitaban mano de obra para las plantaciones. Sólo entre 1917 y 1940, llegaron 164 mil japoneses –la inmensa mayoría al Estado de Sao Paulo– .

La adaptación de los inmigrantes no fue fácil. Había un fuerte choque cultural y un racismo inherente al proceso que sufría Brasil en aquella época. Los latifundistas imponían condiciones leoninas y obligaban a los trabajadores nipones a cumplir sus contratos. Algunos se rebelaron y huyeron. Lee más