Tortas panaderas

Años ha,  cuando no existía twitter ni existían los grupos de facebook, las discusiones se dirimían en la misma calle, poco importaba el tema, lo importante era tener razón. El único juez era el acero, fiel democratizador de los pueblos, baluarte de los desamparados y de que los que sufren la injusticia, el acero equilibra a los grandes y pequeños, a los ricos y a los pobres, a los que no tienen ni puta idea con los que si la tienen.

 

Otra sangrienta riña ocurrió también ayer en la calle de San Bernardo.

El motivo de ésta fue tan insignificante como el de la que anteriormente relatamos.
Los dependientes de la panadería situada en el núm. 5 de dicha calle discutían ayer respecto a las verbenas que se han celebrado en los anteriores días.

Uno de los dependientes, Manuel Cartedo Díaz, que había habitado en la calle del Ave María, según en que parece cuenta con simpatías y buenos amigos, recordaba las verbenas de otros años y decía que no había fiestas mejores que las que se celebran en honor de San Lorenzo.

El compañero de Manuel negó que la calle del Ave María correspondiera a la parroquia de San Lorenzo, y por eso se suscitó entre ellos una apasionada reyerta, llegando a darse de bofetadas. Manuel, con un cuchillo, arremetió contra su compañero Nicolás Cabeza Rodríguez, causándole tres heridas en el costado izquierdo.

En grave estado fué llevado el herido a la Casa de Socorro del distrito, y el agresor, que fue detenido, al Juzgado de Guardia.

El Correo Español 13 de Agosto de 1892

Escena de inconcebible barbarie

El programa de la 2, Cachitos de Hierro y Cromo, bucea entre los archivos de RTVE para rescatar grandes momentos de la historia musical, su visionado provoca una extraña mezcla de emociones que van desde la pura nostalgia hasta la vergüenza ajena. Aquí, más familiarizados con esta última, naufragaremos por los archivos de la Biblioteca Nacional, para redescubrir los más extraños sucesos, adornados de expresiones y requiebros que causarán admiración.

Comenzamos esta serie con un curioso recorte del Heraldo de Madrid fechado en 1854 , con un suceso de inconcebible barbarie protagonizado por unos borrachines que se pasaron de vuelta. Ya lo dijo Bukowski Si ocurre algo malo, bebes para olvidarlo; si ocurre algo bueno, bebes para celebrarlo; y si no pasa nada, bebes para que pase algo pero lo importante es beber.

En la noche del domingo tuvo lugar en la playa del puerto una escena de inconcebible barbarie y que produjo deplorables consecuencias. Algunos individuos cuyos antecedentes no son conocidos, y que habitan en el llamado pueblo Nuevo, habiendo echado el ojo sobre algunas pipas de aguardiente a prueba de Holanda, que se hallaban depositadas en el expresado sitio, destaparon una de ellas, y por medio de una caña horadada, resolvieron en mal hora darse un atracón de su licor favorito, y con tan decidido afán acometieron su tarea, que al poco rato uno de ellos murió casi instantáneamente, el otro cayó exánime y sin esperanzas de vida, y los demás empezaron a correr como locos gritando que se quemaban. Cuando la autoridad tuvo noticia de este triste suceso, se administró la Estrema-Unción al que estaba como asfixiado y se le trasladó al hospital, procediendo también al levantamiento del cadáver.

Heraldo de Madrid – 17/01/1854

De canguros y hombres. (Parte I)

Un australiano le calza una hostia a un canguro, es la noticia que recoge la prensa a partir de un vídeo que circula por internet. Dios bendiga twitter, Facebook y youtube, referentes de los medios de comunicación.

No pretendo entrar en el acalorado debate de si el animalico se la merecía o si el lugareño entra con la guardia baja, el dichoso video me trajo al caletre la triste, pero curiosa historia, del pugilismo con osos y canguros, célebre durante los siglos XIX y XX.

Nuestra peculiar historia comienza en un zoo de Philadelphia, el periódico local Phillipsburg Herald, con fecha del 2 de Abril de 1891 relata como un cuidador del zoo que iba a limpiar la jaula donde se

Recorte del Phillipsburg Herald, 2 de Abril de 1891. Con ilustración muy gráfica de como entrenaba Byrne a su canguro

encontraba el marsupial, observó en este, cierta disposición para jugar, pues se levantaba sobre sus patas traseras y sacaba los brazos como si estuviese boxeando, el ilustre cuidador, admirado, se dejó llevar y muy pronto ambos se vieron cruzando manos, dejando para la posteridad una entrañable e indecorosa estampa. Byrne, que así se llamaba el tipo, viendo las dotes del canguro, decidió adoptarlo como pupilo e instruirlo en el arte del boxeo, no sin antes bautizarlo como John L. en honor a John L. Sullivan célebre boxeador de la época. Si todo ocurrió en el mismo día, no hay constancia, el caso que Byrne nos trajo a John L. y en la misma ciudad, casi un siglo después Silvester Stallone nos trajo a Rocky Balboa ¿Casualidad? Sí.

En Australia, como era de esperar, también tenían sus pleitos con estos animales, varios periódicos refieren casi por la misma época de John L. la existencia de un tal Jack “El canguro luchador” “un animal espléndidamente entrenado y que reta a luchar a cualquiera en el mundo”. Todo estaba a punto para que la rueda de la vergüenza ajena comenzase a girar.

Y así fue, la estupidez se expandió felizmente a lo largo y ancho del globo, dando lugar a todo tipo de espectáculos, ferias, circos, protagonizados por canguros con guantes enfundados y que a modo de exhibición, peleaban contra el primer pelarruecas que asumiera el reto. Si bien, según parece, se trataba de eventos que apostaban más por la comicidad que por la violencia, donde la gracia consistía en observar a un animal adoptar roles humanos con cierto desparpajo. Lo cual no quita que varios animales murieran debido a las duras condiciones de los viajes, los espectáculos viajaban por Europa, América o Australia en una época en la que los conceptos de velocidad y confort eran como poco, dudosos, también se dieron casos de muertes por envenenamiento, dejando para siempre la incertidumbre de si se trataron de despistes involuntarios con la dieta canguril o a rivalidades entre feriantes. Hagan sus apuestas.

El fenómeno tuvo cierta importancia, hasta dejó su estela en el célebre Madison Square Garden de Nueva York. El Garden, por el que desfilaron célebres boxeadores como Alí o Holyfield, antes vio a un canguro botando en un conato de pelea contra un boxeador profesional, tal y como recoge el New York Tribune en Junio de 1893Especial antención merece la exhibición de pugilismo dada en el Madison Square Garden ayer por la tarde […]. Tres asaltos fueron disputados entre “Big Frank” y “Tom” Tully también conocido como “Black Jack”. “Black Jack” es un hombre de california llamado a ser una celebridad del boxeo y “Big Frank” es un canguro…” No sigo, ganó el canguro.

A pesar de todo el relumbrón, las modas, como los youtubers, pronto pierden la atención del respetable, y ya para 1900 la gracia de ver a los canguros boxeadores empezó a resultar cargante. No corrieron la misma suerte las peleas contra osos, la historia de estos combates abarca un periodo más largo, y para colmo, sus peleas con humanos eran cosa más seria, donde llegarían a darse amputaciones, muertes y heridas de toda índole… pero eso lo dejamos para la siguiente entrega.

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ESNPC Blog (en inglés)