En todos mis años vividos, el único título que me he sacado ha sido el de dibujante de cómics, de lo cual me siento ampliamente satisfecho.
Los dibujos eran una mierda, pero la concepción de los guiones eran la ostia, lugares sórdidos, personajes decadentes, un mundo pululando hacía el abismo buscando su amor perdido, un halo de esperanza saliendo de la comisura de sus labios y solo la sangre fluyendo después de un mordisco.
Como las letras de las canciones, los dibujos en el cómic trasformaban en imágenes nuestra imaginación en la palabra, así la estrecha relación de los dos mundos, así nuestra busqueda de nuevos universos por explorar y seguir hacia delante sin detenernos hasta conseguir nuestro objetivo.
Con una buena dosis de actitud alcanzaremos la calma que predecera la tormenta que esta a punto de comenzar.