Bukowski: Un plan maestro.

Mi padre tenía un plan maestro. Me dijo:

– Hijo mío, cada hombre debería de comprar una casa en su vida. Cuando muera, su hijo heredaría esa casa. Más adelante ese hijo compra su propia casa y luego muere. Entonces su hijo hereda dos casas. Ese otro hijo pronto adquiere la suya propia y entonces ya tiene tres casas…

La estructura familiar. O cómo vencer a la adversidad a través de la familia. El creía en eso. Coge la familia, mézclala con Dios y la Nación, añade diez horas de trabajo diario, y tienes todo lo que necesitas.

Charles Bukowski – La Senda del Perdedor  (1982)

Escena de inconcebible barbarie

El programa de la 2, Cachitos de Hierro y Cromo, bucea entre los archivos de RTVE para rescatar grandes momentos de la historia musical, su visionado provoca una extraña mezcla de emociones que van desde la pura nostalgia hasta la vergüenza ajena. Aquí, más familiarizados con esta última, naufragaremos por los archivos de la Biblioteca Nacional, para redescubrir los más extraños sucesos, adornados de expresiones y requiebros que causarán admiración.

Comenzamos esta serie con un curioso recorte del Heraldo de Madrid fechado en 1854 , con un suceso de inconcebible barbarie protagonizado por unos borrachines que se pasaron de vuelta. Ya lo dijo Bukowski Si ocurre algo malo, bebes para olvidarlo; si ocurre algo bueno, bebes para celebrarlo; y si no pasa nada, bebes para que pase algo pero lo importante es beber.

En la noche del domingo tuvo lugar en la playa del puerto una escena de inconcebible barbarie y que produjo deplorables consecuencias. Algunos individuos cuyos antecedentes no son conocidos, y que habitan en el llamado pueblo Nuevo, habiendo echado el ojo sobre algunas pipas de aguardiente a prueba de Holanda, que se hallaban depositadas en el expresado sitio, destaparon una de ellas, y por medio de una caña horadada, resolvieron en mal hora darse un atracón de su licor favorito, y con tan decidido afán acometieron su tarea, que al poco rato uno de ellos murió casi instantáneamente, el otro cayó exánime y sin esperanzas de vida, y los demás empezaron a correr como locos gritando que se quemaban. Cuando la autoridad tuvo noticia de este triste suceso, se administró la Estrema-Unción al que estaba como asfixiado y se le trasladó al hospital, procediendo también al levantamiento del cadáver.

Heraldo de Madrid – 17/01/1854